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Se refiere Federico García Lorca a Fuentevaqueros, el pueblo de la vega granadina donde sus ojos vieron por primera vez la luz el cinco de junio del año mil ochocientos noventa y ocho, en el Soto de Roma, tierras que fueron propiedad de los reyes nazaríes de Granada, regaladas en el siglo XIX por Fernando VII al Duque de Wellington. Vendida a través de los tiempos, por los herederos de éste, el campo actual está muy repartido entre las familias de labradores que habitan en el antiguo paraje denominado la Fuente de los Baqueros. "Por todas partes cantan las acequias y crecen los altos chopos donde el viento hace sonar sus músicas suaves en el verano. En su corazón tiene una fuente que mana sin cesar y por encima de sus tejados asoman las montañas azules de la vega...".
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