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Tuvieron que pasar cincuenta años del fusilamiento de Federico García Lorca para que se abriese al público, el 4 de junio de 1986, la casa donde Lorca nació, en el pueblo de la Vega de Granada llamado Fuente Vaqueros. Desde entonces, aquel espacio familiar se convirtió en un referente obligado para quienes desean conocer, no sólo el paisaje del creador irrepetible, sino sus manuscritos, la correspondencia con muchos de sus amigos, dibujos suyos y de sus contemporáneos, materiales valiosísimos para los ojos de aquellos que saben encontrar en los museos emoción y sabiduría.
Pasado algún tiempo se va logrando que aquel primer latido de casa-museo sea un surtidor que no cesa. Lo dijo el mismo Federico García Lorca: Fuente Vaqueros se llama este pueblo: Fuente que tiene su corazón en la fuente del agua bienhechora.
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Legados como el de Anna María Dalí, etc, configuran una colección excepcional como las últimas incorporaciones del archivo de Ian Gibson, o la partida de defunción del poeta, "fallecido a consecuencia de heridas producidas por hecho de guerra", según la sorprendente redacción del documento. Sin embargo todos entienden -viajeros o peregrinos- que es este un lugar acariciado por la vida:
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